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Brasil y su irreversible catastrofe ecologica

6 de Febrero 2019/ Sao Paulo

El 29 de noviembre de 2018 fue un día histórico para Ilhabela: el Ayuntamiento depositó R$ 55 millones (US$ 15 millones) en el fondo soberano de la ciudad, abastecido con royalties de petróleo y destinado a las futuras generaciones.

No obstante, apenas dos meses después de recibir la fortuna, la Ilhabela rica y paradisíaca ha dejado ver su cara oculta: las 19 playas localizadas en el canal mantienen la bandera roja desde el miércoles (29), lo que indica que la cantidad de coliformes fecales ha llegado a un nivel que expone a bañistas a virus, bacterias y protozoarios.

El mal olor y las manchas de color beige en el mar no eran el único problema de la isla. En fin de año, el caos reinó en el municipio: faltó agua y las vías quedaron tan colapsadas que los coches del ferry no conseguían desembarcar; ni siquiera  los camiones-cisterna podían circular para hacer el abastecimiento de emergencia. El Consistorio informó que al menos 120 mil personas entraron en la isla, entre el 26 de diciembre y el 2 de enero, el triple de la población de Ilhabela.

En la primera semana de enero, la Cetesb, agencia que mide la calidad de las aguas de las playas, levantaba la bandera roja en 18 de las 19 playas.

La pregunta que todo el mundo se hace es obvia: ¿cómo una ciudad tan acomodada llegó a esta situación? Ilhabela es la ciudad más rica de Brasil en cuanto a valor de presupuesto por habitante: con 34.333 habitantes en 2018, según el IBGE, tuvo un presupuesto de R$ 941,4 millones (US$ 255 millones), lo que significa R$ 27.422 (US$ 7.448) por habitante. Es tanto dinero que el Ayuntamiento no pudo gastar cerca de R$ 400 millones.

Esta montaña monetaria de la pequeña ciudad es el resultado de la explotación del presal, en las aguas de Ilhabela. Sólo en royalties de Petrobras, la ciudad recibió R$ 751,7 millones (US$ 204 millones), el equivalente al 80% del presupuesto.

Incluso en comparación con los municipios que más reciben beneficios del presal en el país, Niterói y Maricá, ambas en el estado de Río, Ilhabela tiene más recursos porque tiene menos habitantes. Maricá gastó R$ 8.873 (US$ 2.410) por habitante y Niterói, R$ 4.472 (US$ 1.214), en 2018. Para tener una idea

de cuánto esos valores son elevados: la ciudad de São Paulo destinó R$ 4.448 por habitante el año pasado.

“La isla llegó a esta situación por incompetencia y corrupción”, dice el empresario Georges Henry Griego, presidente del consejo del Instituto Ilhabela Sustentable, entidad creada en 2007 cuyo objetivo es el saneamiento. “Con tanto dinero, Ilhabela debería ser un modelo mundial en saneamiento.”

No hay consenso sobre las causas de la contaminación de las playas. Mientras la alcaldía y la Cetesb culpan a las lluvias, que arrastran las cloacas al mar, y las ocupaciones irregulares, la ingeniera Gilda Nunes, presidenta del Consejo Municipal de Medio Ambiente, atribuye la contaminación a la falta de tratamiento

del alcantarillado, al emisario que vierte aguas residuales en el canal que separa la isla de Sao Sebastiao y al número descontrolado de turistas.

“La bandera roja en 18 de las 19 playas ha sido un problema puntual, causado por una tormenta que vertió 50 milímetros de lluvia. Fue la lluvia la que llevó todo al mar”, explica el alcalde Márcio Tenorio (MDB).

Fuente: Folha de S. Paulo

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josewbmx@gmail.com

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