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Alarma en la Casablanca por aumento del envio de petroleo venezolano a la India

17 de Febrero 2019/ Caracas, Venezuela

La reciente noticia del incremento en el envío de petróleo de Venezuela a la India encendió todas las alarmas en la Casa Blanca, en el Pentágono y en las oficinas de las corporaciones. El gobierno de la India desafía a los Estados Unidos, acuerda duplicar su demanda de petróleo de la estatal PDVSA y, además, promete pagar en productos, que es para evitar los bloqueos que pesan sobre las cuentas bancarias del Estado venezolano.

La India es otra nación emergente que se les para de manos a los Estados Unidos en el asunto Venezuela, pero no es cualquier nación: más allá de tener una población numéricamente superior incluso a la de China, la India es un país con gran desarrollo industrial y tecnológico. Y, por sobre todas las cosas, la India es una potencia nuclear, aquello que los estadounidenses realmente respetan en el mundo.

En la Casa Blanca hay pánico, lo que puede deducirse de las palabras del asesor de seguridad nacional de Trump, el señor John Bolton, quien advirtió que los Estados Unidos “no se olvidarán” de aquellos países o empresas que hagan negocios petroleros con Venezuela. Una clara amenaza a la India.

Pero esa amenaza no pasa de una bravuconada. John Bolton puede amenazar efectivamente a países que no han llegado a desarrollar armas nucleares e incluso puede ensayar una invasión militar, como ocurre justamente con Venezuela y podría pasar con otros países como el nuestro, en caso de que el nuevo gobierno nacional-popular se anime a “sacar los pies del plato” occidental a partir del 10 de diciembre de este año. Bolton puede hacer eso y puede intimidar en estas latitudes, pero no puede hacerlo en el caso de la India.

Al igual que China, Rusia, Pakistán y ahora Corea del Norte, la India posee armas nucleares y la capacidad de lanzarlas bastante lejos de su territorio. Eso significa que el gobierno de la India, en caso de verse seriamente amenazado por una potencia como los Estados Unidos —que es la única potencia que anda por el mundo amenazando a otros después de la decadencia del imperialismo europeo—, podría empezar una guerra nuclear que nadie, ni John Bolton, ni Trump, ni las corporaciones, quiere.

Como solemos decir en este espacio, la única garantía real de soberanía nacional, en última instancia, es la bomba nuclear. El atento lector podrá corroborar esta afirmación pensando en el caso de Corea del Norte. Hasta mediados del año pasado, fue intensa la campaña mediática contra el “dictador” Kim Jong Un, con amenazas diarias de invasión yanqui y guerra total contra el pequeño país asiático, cuyo territorio es más pequeño que el de la provincia de Santa Fe, una población de no más de 25 millones de habitantes y el 113º. PBI del mundo. “Pan comido para los yanquis”, pensábamos, hasta que cambió la suerte en el puticlub.

Un buen día Kim Jong Un hizo un test nuclear aparentemente exitoso y eso fue todo lo que la CIA necesitó para informarle a Trump que Corea del Norte había pasado al club de los intocables. Inmediatamente todos los medios de difusión del imperialismo cambiaron su modus operandi respecto a Corea del Norte. Primero cesaron súbitamente todas las noticias sobre ese país —que hasta entonces salían a calderadas por esos medios y salían hirviendo de odio— y luego, algunas semanas después, Trump viajó a Singapur para encontrarse con el que ahora sí era su par, Kim Jong Un, y no un “vil tirano” que debía ser golpeado y destituido a como diera lugar.

Trump pasó súbitamente de tuitear expresiones agresivas a decir, también vía Twitter, lo siguiente:

Qué pasó ahí? Pasó que Corea del Norte desarrolló el arma nuclear y la capacidad de lanzarla a cierta distancia. Solo Kim Jong Un, la CIA, el gobierno de los Estados Unidos y dios deben saber qué tan lejos podrían caer las ojivas norcoreanas, pero lo cierto es que por lo menos Corea del Sur y Japón, dos socios estratégicos de los yanquis, están en el rango de alcance. ¿Está también en el rango la costa oeste de los propios Estados Unidos, donde se ubica California? ¿Qué piensan los chinos, cuya capital está a tan solo 800 kilómetros de Pyongyang?

Rápidamente los gobiernos de esos países avisaron a la Casa Blanca que había llegado la hora de empezar a respetar la soberanía nacional de Corea del Norte y así fue.

Las bombas nucleares no existen para ser utilizadas, sino para todo lo opuesto. Las armas nucleares son disuasivas, esto es, existen para que otros no quieran tener injerencia sobre los asuntos internos del que las tiene. Y eso es lo que pasa con las amenazas de John Bolton al gobierno de la India: es todo humo y en Nueva Delhi lo saben, lo saben en Beijing, en Caracas, en Puerto Moresby y en todo el mundo. Es humo y es manotazo de ahogado. Ni los Estados Unidos ni nadie puede decirles a los indios cómo deben conducir sus propios asuntos, porque los indios tienen la bomba. Y eso es, como veíamos, soberanía nacional.

La India es una nación con soberanía política e independencia económica, aunque está muy lejos de llegar a la justicia social a raíz de gobernarse por un sistema que no busca favorecer a las mayorías populares. Pero al tener las dos primeras, puede entrar en el juego junto a China y Rusia para enviarles un mensaje claro a los Estados Unidos: nosotros también nos paramos de manos y pronto se van a animar otros.

Los Estados Unidos ya están a punto de perder la lealtad de un socio histórico como Turquía (Erdoğan ya anunció que apoya a incondicionalmente a su “hermano” Maduro) y hasta en Arabia Saudí están teniendo problemas inesperados. La hegemonía mundial de los yanquis nunca estuvo tan cuestionada y tan cerca de caer, si es que ya no cayó y lo que estamos viendo es tan solo una simulación.

Como país emergente de segundo orden y desprovisto de armas nucleares, la Argentina debe tomar nota de la tendencia del mundo y empezar a moverse otra vez hacia el Este. Aunque Perón quiso hacerlo, no hemos podido desarrollar nuestro programa nuclear y ahora debemos ser inteligentes, como lo fue Cristina Fernández al estrechar relaciones con Rusia, China, Vietnam y otros condenados de la tierra, como solía decir Frantz Fanon. Debemos recuperar el camino de la amistad con los que están a punto de destruir la hegemonía de los que no vuelven más para, en el proceso, construir nuestra soberanía nacional en un contexto de multipolaridad del que el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) fue un ensayo.

Por su parte, Venezuela no va a caer. Ahora los yanquis van a tener cada vez más oposición y van a encontrarse con países que realmente mueven el amperímetro. Y como sucedió con el Imperio Romano, van a tener dos opciones: preparar un descenso controlado y suave a la posición de potencia regional en un mundo multipolar o abroquelarse al delirio imperialista, ir al choque y terminar siendo invadidos por los bárbaros.

Todos los imperios en la historia, salvo el británico, optaron por lo segundo. ¿Qué harán los halcones como John Bolton ante la disyuntiva de una nueva era que ya está naciendo? La respuesta aparecerá más temprano que tarde.

Fuente:La Batalla Cultural

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josewbmx@gmail.com

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