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La fábula del lisiado y la cuerda floja

22 de Abril 2019/Quito, Ecuador.

Luis Luna-Angulo

Aún cuando la indolente tierra latinoamericana había demostrado ser fértil para la proliferación de traidores de quinta y cuarta categoría así como su  habilidad propagadora de historietas lo mismo trágicas como surrealistas, en los últimos tiempos nos aterrorizó con una de sus versiones más sórdidas y perversas.

La lista de las traiciones es larga e imposible de recorrer completa, pero podría remontarse hasta los días de la invasión de Tenochtitlán en que el mexicaltzingo, Coste Méxi, el delator, avisó a Hernán Cortés de los planes de Cuauhtémoc, en los cuales pretendía enviar un mensaje que recorriera las selvas de Guatemala hasta Tenochtitlán para forjar una alianza que permitiera derrotar a los colonizadores, o la tristemente celebre traición del cucuteño Francisco de Santander en los albores de la América liberta a Simón Bolívar para acelerar su derrota y asesinato, la puñalada artera de Pinochet a Salvador Allende en el Chile de los 70’s, la tragicomedia de Carlos Menem que pisoteó no solo al peronismo si no a la Argentina entera al final del siglo XX y la grotesca pero no menor conspiración del hoy prontamente olvidado Michel Temer a Dilma Rousseff, prólogo de la hoy en marcha pena brasileña.

A esta impresentable lista se le adhiere el nombre de un personaje con ‘’capacidades diferentes’’ (haciendo irónicamente usanza de los últimos términos de la corrección política progre), Lenín Moreno, ecuatoriano, cuyas capacidades diferentes incluyen: una inescrupulosa oratoria de catequista combinada con el fascismo de Mussolini, una paciencia grado zen para esperar por más de 10 años el momento preciso para dar un golpe y una velocidad inigualable para dar vuelta un país que ya está irónicamente batiendo todos los récords. 

En poco más de dos años, Lenín Moreno, pasó de grandilocuentes elogios a su antecesor Rafael Correa durante la campaña presidencial del 2017 antesala del más grande engaño que el pueblo ecuatoriano ha sufrido en su historia (quien valientemente creía votar la continuidad del Correismo), a sentenciar a 6 años de prisión a Jorge Glass, su compañero en la formula presidencial, que hasta hace poco se debatía entre la vida y la muerte bajo una prolongada huelga de hambre, inhabilitar a Rafael Correa y ejercerle un pedido de captura a la Interpol, suspender las funciones de la Corte Constitucional e intervenir el Consejo Nacional Electoral, controlar la justicia, purgar el partido Alianza Pais, sabotear UNASUR , presionar a Venezuela a través de su adhesión al Grupo de Lima, restablecer las operaciones de las fuerzas armadas estadounidenses tanto en la Base de Manta como en otras partes del territorio ecuatoriano, y por su fuera poco exponer su figura al escrutinio público global, violando normas esenciales del derecho internacional al suspender ilegalmente el proceso de naturalización del activista australiano, Julian Assange, y entregarlo a la policía británica con riesgo de sufrir tortura, todo esto mientras continúa persiguiendo y proscribiendo a cualquier persona que huela y recuerde a Rafael Correa en el Ecuador sin prueba alguna, tal y como lo denunció el ex canciller Ricardo Patiño, quien hoy sufre el hostigamiento puesto sobre ruedas en su contra por el Estado Ecuatoriano y la mediática hegemónica.

Sin duda alguna, las acciones de Lenín Moreno recuerdan las de las más cruentas dictaduras, acciones de las que nunca se escuchó hablar en medios como CNN, ni fueron encaradas por periodistas ‘’independientes’’, ‘’neutrales’’, ‘’místicos’’ e ‘’impolutos’’ como Jorge Ramos.

La opereta de Lenín Moreno en Ecuador representa el pináculo de la restauración neoliberal y conservadora en la región, materializada en personajes como Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Iván Duque, Mario Abdo Jimenez o Jair Bolsonaro, que si algo demostraron es que la mentira, piedra angular de su programa de gobierno, proscribe a los dos años como mucho y lo que sigue según los casos de Peña Nieto y Macri es la deslegitimación pública, el naufragio político y una ridícula eventual derrota acompañada de una reserva All Inclusive en el basurero de la historia.

Quizá nuestro traidor de la década, haya alcanzado el cenit del orgasmo reaccionario en el continente, pero también sabe que es el próximo en caminar la cuerda floja y su caída se convertirá en una fábula que comentaran con vergüenza las nuevas generaciones de niñas y niños que pueblen esta nuestra siempre insurrecta América Latina.

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